domingo, 5 de febrero de 2017

(46) UNA ESTRELLA CON LOS NÚMEROS


Ingresó a ingeniería en la universidad porque era sesudo, estudioso y una estrella con el cálculo y el álgebra. Y si bien era pobre como una rata era solidario con todos dentro de sus ínfimas posibilidades. Se unía a la lucha del movimiento estudiantil con entusiasmo y compromiso y participaba y aprobaba todas las reivindicaciones de los trabajadores de la nación a viva voz y sin vacilaciones. Era un representante de esa fabulosa juventud que se preocupa por el destino de los oprimidos. Se irritaba con los atropellos. Una vez firmó un petitorio de los lustrabotas y más. Su orientación ideológica se aproximaba al área social y transformadora. Quería edificar una sociedad diferente con oportunidades también para los postergados de siempre. Su filosofía era una línea recta. Cuando terminó su carrera con honores por su mente brillante encontró un empleo de inmediato por cuatro mil dólares al mes en una empresa multinacional, para comenzar. Ascendió rápido y a los diez años de carrera ya era un subgerente eficiente y de carácter fuerte ganando miles y miles de dólares. Despidió en el acto a muchas personas y sus consideraciones éticas eran las mínimas o menos. Fue demandado en los tribunales del trabajo por hacer recortes irregulares en los finiquitos de los desvinculados. Era un siervo fiel de la multinacional que lo premiaba siempre porque ponía sus competencias y trucos a los pies de la empresa. También halló la manera de eludir impuestos utilizando todo tipo de resquicios legales. El ingeniero, que era una máquina completa, descubrió que a través de una avaricia estricta podía enriquecerse adecuadamente, con inversiones agudas y variadas. Los escrúpulos no incrementan los ingresos del giro. A la multinacional le fascinaba su actitud de lobo feroz invicto. Sabía darles golpes bajos sin piedad a sus competidores. El ingeniero es muy inteligente y una estrella con los números y a veces miraba con nostalgias fotografías de su época universitaria.

 

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JAIME FARIÑA MORALES

ARICA-CHILE



sábado, 4 de febrero de 2017

(45) LA MANO AMIGA



El era un diácono de renombre de la Iglesia Bautista, un líder carismático. Cuando el pastor tomaba vacaciones Isaías lo remplazaba con naturalidad y desde el púlpito era firme y convincente en sus sentencias: “apártense de las tentaciones de Satanás” “manténganse firmes en las plegarias y el ayuno” “la santidad demandada por Dios no se transa” y mil más. Además era un profundo estudioso de la teología sistemática. El problema es que Isaías sufría una transformación genética con las bailarinas de la boite “La mano amiga”, que quedaba en el borde de la gran ciudad, particularmente los viernes en la noche. Y como había sido bendecido por Dios porque trabajaba como una mula en su condición de abogado, utilizaba ese dinero para galantear e intimar con las bailarinas o visitantes de lugar, lo más camuflado posible. Con sus musas en ropa interior no se fijaba en gastos. Cuando el diácono evangélico veía a una mujer semidesnuda bailar lujuriosamente olvidaba hasta la fecha de su nacimiento. En “La mano amiga” era feliz, se relajaba, bebía ron con gaseosa, olvidando toda la severidad de su diaconado parroquial, que era su segundo y más apreciado personaje.  





(44) EL PERRO QUE NUNCA PASEABA


Rosina adoptó a un perro bebé que estaba abandonado porque quería dar el ejemplo. Lo alimentaba bien y le puso la vacuna óctuple y al principio visitaba periódicamente al veterinario. Su perro llamado “príncipe” aparecía en la portada de su Facebook bien alimentado. Príncipe eso sí estaba estresado y aburrido porque nunca paseaba, nunca se relacionaba con otros perros y jardines. Con las imaginativas excusas condenó a cadena perpetua a su perro en un patio pequeño. Ella decía que encerrándolo le protegía su salud y de los peligros. El perro miraba en la calle o a otro perro paseando y se volvía loco, ladrando como un demente. Los perros necesitan conocer y explorar dicen los expertos mas Rosina lo cuidaba con celo no exponiéndolo a las incertidumbres del exterior. Por Facebook le contaba al planeta como rescató a “príncipe” de las garras del abandono para darle una vida mejor que no incluía paseos. El perro con tanta depresión se enfermó de todo y murió antes de tiempo. La vida de “príncipe” fue miserable de principio a fin. Para algunos la cadena perpetua es peor que la muerte. Todos le presentaron sus condolencias a Rosina a través de Facebook, con una fotografía de perfil en donde se ven felices la ama y su perro bebé. Ella participa con entusiasmo de algunas charlas animalistas y la historia de “príncipe” le sirve de testimonio, para que otros sigan su santo ejemplo. Es que ella ama mucho a los animales.



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JAIME FARIÑA MORALES
ARICA-CHILE


domingo, 8 de enero de 2017

(43) EL CONCHITO



Se casó con un obrero de la construcción y residieron en la periferia siempre. A pesar de que la pobreza nunca se separó de ellos tuvieron dos hijos varones que por la falta de educación y oportunidades siguieron el camino de su frustrado padre. El sacerdote predicaba con convicción de que un católico debía tener todos los hijos que Dios les dé aunque terminen viviendo debajo del puente con hambre y frío. Por eso tanto crío en las barriadas. La señora con 36 años aseguraba que la faltaba el conchito, el último hijo, que los acompañaría en la vejez. Obviamente la madre pensaba en ella, en su vejez, no en el futuro laboral de su retoño. El agobiado padre le rogaba que no se embarazara, mas sabía que cuando una dama se proponía con todo traer un ciudadano a este poblado mundo no había caso. El padre pensaba que era innecesario traer un esclavo más a la amada patria. La niña que nació trajo cierta felicidad y perpetuó la invariable pobreza. Dada su edad, el padre a veces se quedaba cesante. Quince años después la señorita, llena de privaciones, quedó embarazada y dejó el hijo en su casa. Ella vagaba por la calles como una drogadicta más y en su calidad de madre soltera el mundo se le cerraba por todos lados. Son las consecuencias de la miseria. Al final ella no terminó la enseñanza media, fue atrapada por el vicio y tuvo un bebé con un joven que no quería y que huyó. El padre envejecía preocupado porque para ser un esclavo asalariado hay que poseer ciertas habilidades o alguna capacitación y el conchito nada tenía y era un problema total. De vez en cuando la señorita iba a la casa de sus padres a ver al hijo que abandonó y a pedir dinero.



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JAIME FARIÑA MORALES

ARICA-CHILE




sábado, 31 de diciembre de 2016

(42) BORRACHOS EMPERIFOLLANDO EL MUNDO


Los cinco oficinistas se juntaban en el bar filosófico El Escolástico, único en su especie en la capital. Entre cerveza y whisky comentaban el quehacer del globo. Y como eran buenos lectores el debate de estos oficinistas de salario mediocre se inspiraba con las ingesta y el pasar de las horas. Realizaban severas interpelaciones a la política exterior de los Estados Unidos, a la concentración de la riqueza, a los casos de corrupción, a la manipulación de los medios, a las incoherencias sorprendentes del mundo religioso y mucho más. También analizaban el fútbol y las cinturas de las modelos y damas famosas. No todo iba a ser tan serio. Peleaban entre sí con cierta pasión y sin insultos. Las diferencias políticas eran las más sabrosas. En el Escolástico nadie gritaba o era maleducado. Cuando alguien se deprimía o se ponía a sollozar era siempre por el mismo motivo. La competencia en el mercado estaba dañando a la empresa donde trabajaban y la posibilidad de quiebra o que los cinco fueran despedidos era cierta. Uno de ellos tenía cuatro hijos y más de cincuenta años y veces lloraba solo. La sola palabra desempleo lo hundía en la desesperación. Y como las deliberaciones justicieras del quinteto no ejercían ninguna influencia fuera de su mesa se frustraban un poco. Así que concluida la jornada de dominó y observaciones puntillosas un taxi los dejaba en su casa. Había dos que siempre llegaban a su morada totalmente borrachos y rozaban el divorcio. En la insegura oficina eran unas hormigas laboriosas y en el Escolástico unos polemistas de estirpe que intimidaban a cualquiera.









viernes, 16 de diciembre de 2016

(41) MI HIJO NUNCA SE DESTAPÓ


Cuando Carlos iba al jardín infantil siempre se demoraba en las tareas y en los dibujos. Era un niño inquieto y a veces particularmente retraído. Como las parvularias no tenían las capacitaciones apropiadas Carlos ingresó a la escuela básica con algunos vacíos. Se tardó más de la cuenta en aprender a leer y a multiplicar. Siempre iba quince pasos atrás. La pedagogía es limitada. Por alguna razón ningún especialista me ha explicado adecuadamente por que no se motivaba. Tal vez era un artista o algo parecido. En la enseñanza media la historia fue repetida, egresó con dolores de cabeza y plegarias y no ingresó a la universidad. No descarto la posibilidad de que la pantalla haya liquidado sus capacidades recónditas. No lo eduqué con firmeza y valores. Mi hijo Carlos siempre soñaba que era un ingeniero que construía portaviones y yo como buena madre nunca lo desalentaba, es más, le compraba juguetes en esa dirección. Un especialista me aconsejó que le mostrara otras alternativas para evitar frustraciones inalterables porque la ciencia aún no avanza lo suficiente para reparar las dificultades innatas de Carlos. Le dio una depresión de tal magnitud que lleva tres años encerrado en su cuarto dedicado a su facebook y a la televisión. Hace dos años encontró a una dulce señorita que es muy similar a él. Con su enamorada conversan de todo tardes enteras y parece que también sobre lo que el destino les depara. Como madre estoy angustiada. Nada lo estimula y cree que es humillante e injusto trabajar por un salario mediocre. Es un joven de convicciones duras. Carlos levantó con ímpetu y desplante las banderas de la rebeldía.








martes, 6 de diciembre de 2016

(40) DE UNA SOLA LÍNEA


Soy un hombre consecuente. Siempre me confieso de los mismos pecados. Mi visita al confesionario es cada domingo. De lunes a sábado me divierto con la discreción que el decoro recomienda. El desenfreno se practica con la puerta bien cerrada. No es que esté loco, lo que me sucede es que si no lavo mi alma un domingo me siento como un perro podrido, tan simple como eso. El mismo sacerdote me ve y me absuelve de lo mismo casi sin escucharme. Con santa paciencia me ha dado mil consejos. Hago las penitencias con respeto y me miro para adentro, siguiendo el guion del párroco al pie de la letra, con reverencia. Soy el único que reza el avemaría al revés. Lo mío ya parece un número repetido de televisión. Y si bien siento dolor por el pecado también me divierto como chancho en el lodo. Soy honesto al ingresar al templo y al ingresar a la jarana. El sacramento me aumenta esa gracia santificante que nunca diviso, me quita las ganas de pecar y ofender a Dios, por unos minutos. Salgo de la casa de Dios y empiezo a dibujar y planear impurezas que no debo señalarlas en público, con fervor. Con tantos exámenes de conciencia que me he realizado ya soy un perito en el área. Soy un hombre de una sola línea. Siempre me confieso de lo mismo, con fe, con un rosario de plata en la mano.