sábado, 4 de febrero de 2017

LA MANO AMIGA



El era un diácono de renombre de la Iglesia Bautista, un líder carismático. Cuando el pastor tomaba vacaciones Isaías lo remplazaba con naturalidad y desde el púlpito era firme y convincente en sus sentencias: “apártense de las tentaciones de Satanás” “manténganse firmes en las plegarias y el ayuno” “la santidad demandada por Dios no se transa” y mil más. Además era un profundo estudioso de la teología sistemática. El problema es que Isaías sufría una transformación genética con las bailarinas de la boite “La mano amiga”, que quedaba en el borde de la gran ciudad, particularmente los viernes en la noche. Y como había sido bendecido por Dios porque trabajaba como una mula en su condición de abogado, utilizaba ese dinero para galantear e intimar con las bailarinas o visitantes de lugar, lo más camuflado posible. Con sus musas en ropa interior no se fijaba en gastos. Cuando el diácono evangélico veía a una mujer semidesnuda bailar lujuriosamente olvidaba hasta la fecha de su nacimiento. En “La mano amiga” era feliz, se relajaba, bebía ron con gaseosa, olvidando toda la severidad de su diaconado parroquial, que era su segundo y más apreciado personaje.  




Del blog índice LAS SOTANAS DE SATÁN

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